Aquí tenemos el dibujo típico de la curva de demanda de energía diaria en nuestro país:
(En la gráfica podemos apreciar tres curvas diferentes: la amarilla se trata de la demanda real de energía; la verde es la demanda estimada, es decir, lo que se cree que se va a consumir; la roja es la programada.)
A lo largo del día, existen fluctuaciones
en el consumo de energía. Cuando la mayor parte de la población está durmiendo,
el consumo es mucho más bajo que cuando todo el mundo está trabajando o, por ejemplo, en casa
cenando y viendo la televisión. A esto se le llama la curva de demanda
diaria.
Existen, tal y como se puede apreciar en la imagen, tres puntas de consumo: a las 12,
a las 16 y a las 20 horas. Las horas de menos consumo se llaman
horas valle, debido a la forma de la curva, y corresponden siempre a la noche y
primeras horas de la madrugada.
Para satisfacer la demanda diaria de energía es necesario que se regulen y coordinen las diferentes centrales generadoras con las que contamos en nuestro país.
Esta regulación se realiza teniendo en cuenta varios factores, pero el más importante de todos es el coste de generación de energía de las diferentes centrales.
Así, las centrales nucleares son las que consiguen el precio más barato de generación y por ello ocupan un lugar preferente respecto al resto de centrales de combustibles fósiles. Rara vez una central nuclear para su producción de energía. Esto solo ocurre cuando se trata de paradas programadas con fines preventivos y de seguridad. Las centrales nucleares funcionan las 24 horas
del día de manera ininterrumpida, incluso en las horas valle, en las que se
produce un excedente de energía que está destinado a bombear agua a embalses de
altura para que se pueda turbinar (hacer pasar el agua por la turbina para,
así, hacer girar el alternador y generar energía) en las horas de máximo
consumo.
Las centrales que siguen a las nucleares en cuanto al precio de la energía son las centrales de carbón, las de ciclo combinado
(carbón y gas natural), las de gas natural y, por último, las de fueloleo (producto que se emplea en la generación de vapor, considerado subproducto de la refinación del petróleo).
Se va usando la energía generada por las diferentes centrales en función del orden ascendente de precios de generación, según se vayan
necesitando. No obstante, las centrales hidráulicas constituyen una excepción, ya que se usan en las
puntas (mencionadas anteriormente) debido a lo rápido que pueden variar la cantidad de energía generada en función de la
demanda que haya (se adaptan muy bien a los cambios bruscos de demanda).
Sin embargo, las energías renovables se utilizan antes que ninguna otra, incluso antes que la nuclear, ya que su uso implica
un ahorro en importantísimo combustible. Dentro de estas, destaca con
diferencia la eólica, que el año anterior proporcionó cerca
del 30% de la energía que consumimos todos los españoles en total.
Aquí tenemos una imagen de la curva de demanda de hoy mismo, día 24 de febrero, a hora real:
Este es el gráfico con las centrales que nos están abasteciendo ahora mismo, junto con los porcentajes de ese nivel de abastecimiento de cada una, en el que podemos observar que las centrales que más están funcionando son las eólicas (verde) y las hidráulicas (azul claro) junto con las nucleares, aunque en menor medida (azul oscuro/morado).
Esta forma de regulación de la energía implica que el
precio que se paga por la energía consumida lo marca
a la última central
que entra en juego para satisfacer la llamada curva de demanda, ya que es la central cuya producción de energía requiere un mayor coste económico. Con esto, si nos
paramos a pensar un momento, nos daremos cuenta de que las centrales que generan
a mejor precio se embolsan diariamente unos beneficios importantes, mientras que las que
generan a precios más elevados apenas los perciben. Esto ha generado una serie
de tiranteces entre las diferentes generadoras de energía, ya que no todas están de
acuerdo con el actual sistema de mercado y la obtención de beneficios que este conlleva para cada central.
A la hora de calcular el precio final de
generación de energía de una central no solo se tiene en cuenta el precio del combustible, el coste de
mantenimiento de las instalaciones o la inversión necesaria para su
construcción, sino que también depende de la cantidad de CO2 que emiten a la atmósfera.
Debido a nuestro compromiso con el
Protocolo de Kioto tenemos unas cifras que cumplir hablando de
emisiones de CO2 (cada tonelada de este gas que sobrepasa la cifra a cumplir, se paga con una "multa" de alrededor de unos 6 euros/tonelada).
Tristemente, en España no cumplimos con nuestro compromiso, y generamos más
cantidad de este gas nocivo del que nos está permitido. Por este excedente, y debido al precio extra que eso conlleva, pagamos un precio elevado que encarece enormemente la energía y, a fin de
cuentas, nuestras facturas.
Así, considero que deberíamos ser conscientes de lo que está en juego cuando hablamos de energía, y de que apostando por las energías renovables, podríamos contribuir al establecimiento de un mundo mejor, ya que los beneficios serían notatorios para todos.
BIBLIOGRAFÍA:
http://www.ree.es/es/


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